Peinando el remolino
He estado pensando en aquello que nos hace únicos, en lo que nos diferencia de todos los demás, pero que —por alguna razón— constantemente queremos "arreglar" o "corregir". Y me pregunto:
¿Por qué nos molesta?
¿Por qué nos cuesta aceptar aquello que no coincide con cómo quisiéramos vernos?
¿Qué nos hace sentir tan incómodos con lo que nos caracteriza?
Durante años renegué muchísimo con mi cabello y, sobre todo, con mi peinado. Que para atrás, que para el costado, que para adelante... hasta que a los 16 años tomé la decisión drástica: me rapé. Ahora que lo pienso, no tengo ninguna foto de aquellos tiempos en mi poder. De hecho, no sé si alguno de mis compañeros del liceo o de la iglesia conserve alguna. Sería muy divertido verlas si existieran.
La verdad es que tampoco lograba transmitir con exactitud mis preferencias a los peluqueros de turno (que, a decir verdad, durante muchos años fue mi madre, y luego de casarme, en varias oportunidades mi esposa). Lo cierto es que al salir del "corte", casi nunca quedaba satisfecho del todo.
Pero había algo que siempre permanecía allí: el remolino. ¡Ja!
Ahí sigue, no se ha ido. Y aunque he intentado disimularlo de mil maneras, probablemente si me ves en persona o en alguna fotografía, notarás que está ahí, inmóvil, orgulloso de sí mismo. Está dándole vida al paisaje de mi frente para que todos sepan cuál es la característica que hace única la geografía de mi rostro.
De ser una copia a disfrutar el original
¿Has escuchado alguna vez la palabra singularidad?
El término hace referencia a la cualidad de ser único, extraordinario, de distinguirse por completo de lo común. Y creo que de eso se trata la vida: de comprender que no hay dos como tú, ni dos como yo.
Si cada uno de nuestros rasgos —incluso aquellos que intentamos ocultar— cuentan una historia y nos dan identidad, ¿por qué insistir en negar la singularidad o despreciar lo que hemos recibido como único? Intentar encajar en un molde ajeno es una batalla agotadora que solo nos priva de disfrutar quiénes somos.
Hoy prefiero reconciliarme con mi remolino y con todo aquello que me define. Al final del día, es un privilegio agradecer y celebrar ser un original, en lugar de vivir intentando ser una copia.
Y a ti... qué rasgo o marca te caracteriza, y por qué has querido cambiarlo?

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